La culpabilización de la víctima es algo que está a la orden del día y que se está estudiando desde la perspectiva de la Psicología Social, te contamos que hay detrás de este fenómeno en este artículo.

Está a la orden del día el tratar de exponer razones por las que una víctima de abuso sexual “se lo busco”, se hace de manera muy suave, indirecta, incluso inconsciente, pero se hace (vestía de manera inapropiada, eran altas horas de la noche, no se resistió…). Lo podemos apreciar en los últimos casos de acoso sexual que hemos vivido en España.

La culpabilización de la víctima como método de defensa

Este fenómeno se ha estudiado durante años en el ámbito de la Psicología Social. En gran parte, dejando al lado la cultura machista, se trata de un mecanismo de defensa de nuestro cerebro.

Cuando nos enteramos de un suceso dramático inconscientemente puede que tendamos a preguntarnos hasta qué punto podría haberlo evitado la persona que lo ha sufrido, pasamos la responsabilidad a la propia persona que lo ha sufrido.  Lo que conseguimos con esto es sentirnos más seguros porque pensamos que controlamos la situación y nos convencemos de que a nosotros no nos va a pasar lo mismo ya que estamos haciendo “lo correcto”. De esta manera parece que nos asegura que la fortuita tragedia no nos tocará a nosotros.

La culpabilización de la víctima en violencia de género

Esto incluso lo llega a realizar la propia víctima de la agresión, esto también lo podemos apreciar en el caso de violencia de género. Una primera fase característica de una víctima de abuso sexual es el quedarse en “shock” o paralizada ante la situación, no sabe muy bien que ha pasado, seguidamente tiende a culpabilizarse y avergonzarse de si misma, busca tener el mayor control de la situación posible “sesgo de control” con el fin de sentirse más segura.

Uno de los mayores aspectos tratados en el estrés post-traumático de la víctima es el miedo e inseguridad que sienten al comprender que ha estado fuera de su control y que el suceso ha pasado en un lugar o situación que eran entendidos como seguros. Por ello, se tiende a culpabilizar a la propia víctima, nos cuesta reconocer que pueden pasarnos cosas malas en lugares seguros y con el comportamiento “adecuado” (cada uno lo que entienda por adecuado).

En el caso de la violencia de género, es tal la distorsión cognitiva que se tiene acerca de la realidad que se pierde por completo el contacto con ésta y la mujer no se da cuenta.

¿Por qué no denunció antes? Es una pregunta que muchas veces realizan a la persona agredida, lo que no se llega a comprender es que no puede, no porque no quiera, sino porque su mente no se lo permite, no le permite ver la realidad detrás de la violencia.  El desgaste psicológico, el constante miedo, aislamiento y emociones contradictorias pueden impedir a la persona poner en marcha sus recursos para salir de la situación, incluso, pueden impedirle pedir ayuda.

Uno de los grandes problemas en torno a la violencia de género es la creencia de “yo no lo toleraría, es muy débil” Hay que ir más allá en torno al problema y adentrarnos en la mente de la persona que lleva sufriendo mucho tiempo, la violencia de genero no comienza con el primer golpe o el primer insulto, sino que se va gestando con el tiempo hasta que se convierte en un círculo vicioso muy complicado de romper.

“Si te pegan o te violan y no te defiendes, no huyes y te siguen pegando o violando, entonces empieza a ser tu culpa que te sigan pegando o violando”. Esta deducción es la que consciente o inconscientemente se palpa en el ambiente y si conoces un poco la psicología del ser humano sabes que es totalmente falsa aunque muy cómoda de creer para el que no está dentro de la situación.

Nunca y bajo ningún concepto la víctima es culpable ni responsable de la situación, es tan sólo una víctima y reflexiones como la anterior es lo que ayudan a “normalizar” y empeorar la situación que estamos viviendo hoy en día.

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