¿Cómo una emoción se puede transformar en una patología? En este artículo te lo contamos…

 

En el ámbito de la Psicología sabemos que las emociones forman parte de nuestro ser, sin ellas no habríamos evolucionado como especie, eso es un hecho indiscutible. Las emociones forman parte de nosotros aunque no las veamos de manera explícita, las sentimos  y experimentamos en cada momento de nuestra vida.

¿Cómo es posible que estando tan presentes en nuestro día a día sepamos tan poco de ellas? En este artículo vamos a abordar como una emoción adaptativa y normal se puede volver una patología o enfermedad mental. Antes de comenzar, es necesario explicar ¿qué es una emoción?

 

¿Qué es una emoción? 

Han sido numerosos autores los que han dado forma al concepto de emocióndesde distintos puntos de vista y doctrinas, de todas estas definiciones podemos extraer las características más comunes y generales de las emociones:

– Provienen de una experiencia o acontecimiento externo o interno.

– De carácter subjetivo, es decir, un mismo estímulo puede generar reacciones diferentes y emociones distintas a dos personas, de ello depende nuestra experiencia subjetiva ante el acontecimiento.

– Se trata de una reacción más o menos intensa y corta en el tiempo, de ello se puede extraer una de las grandes diferencias con una emoción patológica cuya duración en extensa y con una reacción más intensa.

– Finalidad adaptativa que nos ayuda a responder a los acontecimientos cambiantes del medio ambiente.

– Dirigida hacia algo o hacia alguien con una finalidad específica.

– Toda emoción  cumple una función adaptativa en nuestra vida, de esto hablaremos en otro artículo, y por ello todas son necesarias para nuestro correcto funcionamiento tanto a nivel mental como en las relaciones sociales que establecemos con los demás.

 

Cuando se convierte en una patología 

 

Sin embargo, ocurre que en ocasiones estas emociones pueden volverse disfuncionales para la persona por no aportar una correcta adaptación al entorno, ya sea esta adaptación cómoda o incomoda, en estos momentos es cuando nos podemos ver envueltos en la generación de estados emocionales patológicos.

Conviene en este punto, además, citar al Psiquiatra Allen Frances que nos indica que psicopatologizar lo cotidiano nos puede llevar a etiquetar exageradamente nuestra vida diaria.

Por ello, hay que ir con suma precaución y evitar la tentación de etiquetar acontecimientos que pueden ser totalmente normales aunque molestos o incómodos con la etiqueta de patología o enfermedad.

Teniendo en mente estas precauciones, algunas de las diferencias que podemos encontrar entre emociones consideradas normales y emociones consideradas patológicas son:

– Las emociones normales son experimentadas como episodios poco frecuentes y de intensidad moderada y duración limitada, mientras que la emoción patológica se experimenta a través de episodios repetidos en el tiempo, con una intensidad alta y una duración prolongada.

– Cuando se está experimentando un episodio emocional normal el estimulo desencadenante es esperable y común, es decir, es normal que se manifieste esa emoción ante dicho estímulo, sin embargo, ante una emoción patológica se produce una reacción desproporcionada ante un estímulo común.

– El grado de sufrimiento ante una emoción normal, si lo hubiera, es limitado y transitorio, al contrario que el grado de sufrimiento ante una emoción patológica que se prolonga en el tiempo y aumenta su intensidad.

– Las emociones normales no interfieren en gran medida en la vida cotidiana, las emociones patológicas nos pueden llevar a trastocar todo nuestro entorno y experiencias sensoriales, incluso nuestra salud física.

– Algunos ejemplos de cómo emociones completamente normales, sanas y adaptativas se pueden convertir en patológicas son el miedo que evoluciona hacía una fobia o la tristeza que termina en depresión.

 

El papel de la inteligencia emocional

 

Como ya hemos mencionado, todas las emociones tienen un “para qué” y atender a ese “para qué” nos evitará que una emoción sana, funcional y adaptativa desencadene en emociones disfuncionales y que nos pueden llegar a trastornos psicológicos graves.

En este punto interviene el conocimiento y adquisición de habilidades propias de la Inteligencia Emocional, entendida como el conjunto de habilidades intrapersonales e interpersonales que nos ayudarán a conocer, regular y gestionar tanto las emociones propias como las de los demás.

Y un primer punto para esta correcta gestión emocional es la aceptación de la emoción, algo en lo que muchas veces fallamos comenzando un camino ya de por si erróneo en nuestra gestión emocional.

A partir de esta aceptación, podremos comenzar a conocerlas y gestionarlas por nosotros mismos y ahorrarnos futuros problemas y trastornos.

Somos nosotros mismos quién tenemos el mayor y mejor poder sobre nuestras emociones y estados de ánimo, por tanto, te invito a que comiences a aceptar y conocerte a ti mismo.

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