¿Qué son las Heridas Emocionales? ¿Cómo nos afectan las que se forman en nuestra infancia? Te lo cuento todo en este artículo.

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Desde que nacemos se van formando nuestras creencias, pensamientos y patrones de comportamiento. De hecho, es en la infancia y la adolescencia cuando las rutas neuronales se forman con mayor facilidad provocando que éstas perduren en el tiempo hasta que nos convertimos en adultos sin ser conscientes de ellas.

 

El origen de las Heridas Emocionales

En Psicología se conoce como heridas emocionales a aquellas “lesiones psíquicas” que no están curadas y que impiden llevar una vida plena al adulto, incluso pueden llegar a obstaculizar pequeños asuntos diarios. Las manifestaciones de estas heridas emocionales pueden ser de diversos tipos como pensamientos obsesivos, problemas con el sexo opuesto, actitud defensiva, etc.

Algunas de las terapias más destacadas son las que sanan el niño interior para sanar al adulto de presente y se basan en curar estas heridas emocionales que se crearon cuando todavía no teníamos recursos para afrontar la situación.

A una de las conclusiones con las que se llega en este tipo de terapias es que el niño o niña no tenía recursos, sin embargo, el adulto de hoy sí los tiene por lo que es el adulto quién sanará a niño del pasado.

Se conocen cinco tipos de experiencias o heridas emocionales que pueden incidir en la vida adulta:

Miedo al abandono

Lo padecen personas que en su infancia experimentaron la sensación de abandono en cualquiera de sus formas. El adulto mostrará una elevada ansiedad ante la idea de volver a ser abandonado y llevará a cabo comportamientos o pensamientos desadaptativos para prevenir tal situación.

Es más, estos comportamientos pueden llegar a generar rupturas sentimentales por la constante sensación de angustia y dependencia hacia la otra persona.

Miedo al rechazo

Es una de las heridas más profundas y dolorosas e implica un rechazo hacia nuestro propio yo (experiencias, emociones y pensamientos). Estas personas no se sienten merecedoras de lo bueno que les ocurra y se aíslan en su vacío interior. Al creerse directamente rechazado se aíslan en si mismos y, como una profecía autocumplida, se produce el rechazo.

La humillación

Se genera en niños que han sido duramente criticados o humillados por sus iguales o por sus seres queridos. Esto destruye la confianza y autoestima del niño y futuro adulto que será una persona con tendencia a la dependencia o, puede llegar a convertirse en alguien que humilla como símbolo de protección.

El miedo a confiar

Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por uno de sus progenitores. Un niño con esta herida se puede transformar en un adulto con una gran necesidad de control hacia los demás y con un carácter excesivamente fuerte. Sanar esta herida va por el camino de trabajar la paciencia, la tolerancia y la confianza en los demás.

La injusticia

Se suele generar en entornos donde los progenitores o cuidadores son fríos y autoritarios, además con grandes dosis de exigencia. Todo esto puede generar sentimientos de ineficacia e inutilidad tanto cuando se es un niño como en el adulto que presentará una baja autoestima, necesidad de perfeccionismo y dificulta a la hora de tomar decisiones.

¿Qué hago para sanar las Heridas Emocionales?

Lo primero que debemos hacer para sanar estas heridas es tomar conciencia de ellas, si te ves representado en alguno de estos ejemplo no dudes en acudir a tu niño interior y reflexionar sobre tu infancia. Se puede realizar fantásticos ejercicios de visualización para trabajar estas heridas. Cuida, además, de trabajarlas con un experto en el tema y recuerda que el primer paso lo tienes en tu mano.

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